La Cuarta Revolución Industrial: una respuesta global.

El reciente Informe sobre el Futuro del Empleo 2025 del Foro Económico Mundial proyecta una transformación radical del mercado laboral global. Según sus estimaciones, si bien se crearán 170 millones de nuevos empleos, también desaparecerán 92 millones, resultando en un saldo neto positivo de 78 millones de oportunidades. No obstante, esta transición no será automática ni estará exenta de desafíos. 

Prestakuntza COE ESTATAL
Cuarta revolución industrial
Empleos más/menos crecimiento

Empleos con mayor y menor crecimiento

Un análisis histórico ofrece una perspectiva crucial. Durante la primera revolución industrial, Friedrich Engels observó en Manchester cómo la mecanización generaba prosperidad para un sector a expensas de otro, un fenómeno de desplazamiento laboral que precedió a un posterior efecto de restablecimiento, creando empleos entonces inimaginables. En la actualidad, numerosos economistas advierten que la inteligencia artificial parece orientarse más hacia la automatización de tareas existentes que hacia la creación de nuevas, lo que podría exacerbar las desigualdades sociales. 

Precisamente, el Foro Económico Mundial destaca en su informe un factor clave que puede generar desigualdad, el desfase de cualificación entre lo que el mercado laboral demanda y lo que el sistema educativo y la fuerza de trabajo actual ofrecen. El diagnóstico de la organización señala que el 63% de los empleadores considera que la falta de habilidades adecuadas constituye el principal obstáculo para su transformación. Se estima que, para 2030, casi seis de cada diez trabajadores necesitarán reciclarse o mejorar sustancialmente sus capacidades. Las competencias más demandadas serán una combinación híbrida de capacidades tecnológicas y habilidades socioemocionales o "blandas". 

Soft Skills

Ante este panorama, la comunidad educativa debe evolucionar hacia el fomento de la adquisición de estas habilidades mixtas, centrándose en las necesidades de un mercado laboral en constante cambio que ha dejado atrás los modelos estáticos. Es imperativo apostar por metodologías activas y un aprendizaje basado en la práctica, dado que el sistema educativo tradicional, de carácter memorístico, resulta insuficiente para preparar a las nuevas generaciones para un entorno dinámico. 

Paralelamente, las empresas más visionarias priorizan la formación en el empleo continua de su personal como piedra angular de su estrategia competitiva. Reconocen que el éxito empresarial se fundamenta en las habilidades y la capacidad de adaptación de sus equipos, lo que genera eficiencia y asegura la continuidad de los planes estratégicos. Esta mejora continua responde a la necesidad imperante de contar con profesionales que actualicen sus conocimientos de manera permanente. Para ello, promueven la formación interna a través de dos tendencias fundamentales: el reskilling y el upskilling. 

 
El término reskilling hace referencia a la capacitación de un trabajador para desempeñar un puesto de trabajo distinto al actual, mediante la dotación de un nuevo conjunto de habilidades y competencias. Este "reaprendizaje" se construye, en parte, sobre conocimientos previos, optimizando el desempeño general. Su aplicación práctica es clave para cubrir vacantes emergentes con escasez de candidatos externos. Un proceso efectivo de reskilling requiere reclutar talento interno con predisposición y capacidad de aprendizaje, definir una hoja de ruta con objetivos claros, identificar las posiciones futuras.  

 
El Upskilling concepto se refiere a la formación de un trabajador para desarrollar nuevas habilidades y competencias que le permitan crecer y asumir mayores responsabilidades dentro de su rol actual. Se centra en la mejora y el reforzamiento continuo de las capacidades existentes, manteniendo a los profesionales actualizados y competitivos. Esta adaptación permite a las empresas reducir la brecha de talento digital y cubrir puestos especializados con su fuerza laboral interna, fomentando la retención del talento y la progresión profesional. 

La Cuarta Revolución Industrial es ya una realidad. Los cambios demográficos, ecológicos y, sobre todo, tecnológicos, están configurando un nuevo mercado laboral que emerge gradualmente. En este proceso, la administración pública tiene el deber de acompañar a la sociedad, realizando un esfuerzo interno de transformación estructural. Como señala José María Cabrera-Domínguez, la administración debe apostar por valores esenciales como la objetividad, la imparcialidad y la legalidad. Sin embargo, este enfoque, aunque necesario, resulta "insuficiente para alcanzar la eficacia que demanda el entorno actual". Cabrera-Domínguez argumenta que, para lograr dicha eficacia, es imperativo incorporar y potenciar habilidades blandas como el liderazgo, la comunicación, la negociación y la innovación.